Cuando desperté el reloj marcaba las 5:30 de la mañana y, estando aún en mi cama, noté que los rayos del sol que entraban en mi habitación a través de la ventana prometían un día despejado. Me senté a la orilla de la cama, di gracias por el nuevo día, me puse de pie, me dirigí a la ventana y viendo hacia afuera me pareció que habían dos cosas que no aparentaban ser lo mismo del día anterior: el molesto ruido de los automotores había sido reemplazado por el canto de muchos pajaritos que iban y venían revoloteando alegremente, y tanto árboles como plantas habían tomado lugar, al mejor estilo organizado, en medio de la jungla de concreto sin que un solo ladrillo pudiera ser más importante que el más pequeño de los retoños, y pensé “algo extraño sucede”. Con esa idea en mi cabeza, comencé a prepararne para irme a mi trabajo; al tomar mi baño me di cuenta que el agua no sabía ni olía más a cloro y la sensación de potabilidad que podía percibir era única. Estando ya listo para abandonar mi casa, abrí la puerta y una suave y fresca brisa abordó mi faz, llenándome de mucha energía y optimismo, al parecer el tóxico dióxido de carbono emanado por los carros se había extinguido, y pensé “algo extraño sucede”. Mientras iba de camino, observé como las personas a mi alrededor se saludaban muy afablemente, todos parecían ser amigos de toda la vida, habían jóvenes asistiendo con atención a adultos mayores, grupos de niños con uniforme de escuela caminando libremente y sin temor alguno, imperaba un ambiente lleno de cortesía y filantropía, y pensé “algo extraño sucede”. Al llegar a mi trabajo, vi como brotaban sinceros saludos de “Buenos Días” de los labios de todas las personas, acompañados de agradables sonrisas; me ubiqué cómodamente en mi escritorio y empecé a leer las publicaciones del día en los principales periódicos, no había una sola noticia que hiciera referencia a homicidios, robos, guerras, ni ningún otro acto indeseable de violencia e injusticia, por el contrario, los títulos noticiosos hacían mención a hechos relacionados con paz, conservación ambiental, amor, respeto, tolerancia, justicia, e igualdad; conforme transcurrieron las horas, se atendieron los quehaceres propios de un día laboral con mucho compañerismo y ahínco, y pensé “algo extraño sucede”. Al cierre de la jornada todos se despedían deseándose entre si buen descanso, mientras algunos otros partían juntos pues habían planeado compartir cena entre familias; durante mi regreso a casa, seguían habiendo algunas cosas que llamaban mi atención: orden y limpieza por todas partes y hasta un grupo de personas reunidas en un parquecito coordinando acciones a favor de otras personas con necesidad de ayuda para alimentación y techo, y pensé “algo extraño sucede”. Al llegar a mi casa, alcé la vista al cielo y cual si fueran luciérnagas coquetas brillando en la oscuridad, las estrellas le engalanaban mientras la luna se mostraba como fiel líder de toda esa belleza; la noche estaba llena de mucha quietud que trasmitía un sentimiento de bienestar, provocando a la vez un deseo de no querer que aquello se acabara. Me recosté en mi cama queriendo meditar sobre todo lo que había experimentado durante el transcurso del día, sin embargo, quedé plácidamente dormido y al despertar y mirar a mi alrededor pensé “me gustaría mucho que algo extraño suceda”.
(Respetuosamente, Mauricio Guzmán. Costa Rica)
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